
Varios son los gritos que se alzan en pos de proponer una ruptura con lo cotidiano. Se entiende esa necesidad, claro está, sobre todo en historias que versan sobre protagonistas en situación de riesgo por tener una vida invicta de novedades.
Aquí estoy, aquí sigo. Con los tonos de la inmediatez y con los colores del ayer, hoy, y siempre, bajo un árbol que dejará de ser el mismo árbol pero que nunca abandonará su condición suprema. Con un tiempo que no es tiempo o, lo que es mismo decir, mí tiempo favorito, ése que me permite, una vez más, volver a saludar tu esencia.
Y con silencios distancias y confines, denuncias tu verdadera intención, y recorren en la intimidad suspiros agónicos, Las palabras y hechos siguen el curso de algo llamativo, sorprendente, inexplicable. A través de mi ventana van reflejándose los espejos de un encuentro. Y en la distancia mi grito anoticia de sus últimos sucesos.
Aquí estoy, aquí sigo. Con los tonos de la inmediatez y con los colores del ayer, hoy, y siempre, bajo un árbol que dejará de ser el mismo árbol pero que nunca abandonará su condición suprema. Con un tiempo que no es tiempo o, lo que es mismo decir, mí tiempo favorito, ése que me permite, una vez más, volver a saludar tu esencia.
Y con silencios distancias y confines, denuncias tu verdadera intención, y recorren en la intimidad suspiros agónicos, Las palabras y hechos siguen el curso de algo llamativo, sorprendente, inexplicable. A través de mi ventana van reflejándose los espejos de un encuentro. Y en la distancia mi grito anoticia de sus últimos sucesos.
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